Palacio de la Música, espacio que preserva y difunde diversas expresiones artísticas

(Notimex).- El Palacio de la Música, ubicado en el corazón de la ciudad de Mérida e inaugurado el 25 de junio de 2017, es un espacio dedicado a preservar, cultivar y difundir ese arte nacional dividido en varias secciones que tienen como finalidad complacer al público.

Durante un recorrido hecho por Notimex se pudo apreciar que este espacio cuenta con una terraza destinada para eventos musicales y sociales, con una vista increíble de la ciudad, desde donde se puede admirar la catedral de esta capital yucateca.

“En un principio la terraza estaba destinada a ser exclusivamente para espacios musicales, pero para que pueda sobrevivir generando recursos habrán otro tipo de eventos como pasarelas y que tengan algo musical”, señaló Maleck Rashid Abdala, director general del Palacio de la Música.

Asimismo se cuenta con una sala de conciertos para 458 personas con una acústica perfecta, hecha con maderas de la región y en los alrededores a lo largo de dos pisos se cuenta con dos espacios para galerías y ruedas de prensa.

“Esta sala es nueva, en la parte de atrás hay camerinos, elevador de carga, tendrá equipo para grabación en vivo de conciertos, para que haya grabación tipo ‘Primera fila’, la acústica es prácticamente perfecta”, informó.

Adicionalmente, cerca de la entrada los asistentes pueden estar en el patio de cuerdas, lugar dedicado a realizar conciertos; hay una fonoteca que pretende ser la segunda más grande del país y un acervo musical, así como aulas para impartir clases.

Lo que más destaca de este palacio de la música es el museo interactivo de la música, el cual es totalmente digital para niños y adultos, son cinco espacios divididos en 14 salas.

Este museo habla desde los antecedentes de la música, la música en los teatros, en los cines, en la radio, en la tele, la música contemporánea, es un espacio para disfrutar con toda la familia.

“Todo el museo es interactivo, al inicio funcionaba con visitas guiadas ahora es recorrido libre”, comentó Rashid Abdala.

En la sala de antecedentes de la música se habla de los sonidos prehispánicos, la prohibida, que era la que no estaba destinada al culto religioso y la música en los teatros.

Dentro de otra sala, en una pantalla de 180 grados se muestra un documental acerca de las culturas musicales, que habla del mariachi y otro estilos.

Igualmente, cuenta con una ludoteca, que se activa por ciertos horarios y en fin de semana, la idea es que los niños interactúen con instrumentos musicales.

En otro espacio se recrearon unos balcones, en donde se da un tutorial de la jarana y el zapateado yucateco, además hay una réplica del museo de la canción yucateca.

“En el museo tenemos más de 700 horas de canciones, si se quiere recorrer a conciencia hemos calculado que son ocho horas para que lo veas todo, ya recorrerlo al 100 por ciento, unos cinco días para poder escuchar la música”, aseveró.

Las bombas yucatecas no pudieron faltar en este museo, algunas de ellas están escritas antes de la sala dedicada a la música en los teatros y en la radio, “la museografía es algo increíble, hay un holograma en donde se ve a Consuelo Velázquez tocar el piano”.

A principio del siglo XX casi todos los intérpretes tenían una formación en ópera y zarzuela; con la llegada de la radio llegaron las voces íntimas, las que sugerían, las que apenas murmuraban.

Los instrumentistas son los responsables de convertir en realidad la expresión musical y son ellos, quizá, los menos recordados.

Gracias a su ejecución, es posible dar continuidad a la tradición en los modos y estilos de interpretar, pues nadie conoce como ellos los secretos de las canciones; algunos han dejado su leyenda, aunque la mayoría, por desgracia quedó en el anonimato.

Como un sincero homenaje a estos músicos se destaca su labor, que en muchas ocasiones logra altísimos niveles de calidad en la ejecución.

Cabe destacar que los compositores antes vendían sus canciones sin esperanzas de seguir cobrando los derechos de su obra, a veces les llegaban noticias de que en otros países se tocaba su música.

Ser un músico profesional, con todos los recursos para difundir su obra, es algo que sucedió hasta entrando el siglo XX. Los compositores (quienes hacían la música) y los autores (quienes escriben las letras) han luchado para que se rezonozca su autoría.

El catálogo de la música mexicana es uno de los cinco más importantes del mundo, se subraya en este museo, que hace reconocimiento a los creadores de las inolvidables letras y melodías.

Vale la pena recordar que con la televisión la música mexicana adquirió imagen y movimiento, pero sobre todo, inmediatez y cercanía; este medio cambió la forma de concebir las canciones, pues se unió para siempre con la apariencia de los intérpretes.

Durante una reflexión final que hay en el museo se explica que en el Palacio de la Música se apuesta a propiciar, a partir de esta muestra de saberes individuales y colectivos, un esfuerzo colaborativo para estudiar, difundir y valorar este importante patrimonio cultural.

“Nuestra música es el indicio de lo que somos, memoria y testigo presente de un México pluricultural, en el cual coexisten un sinfín de gustos, expresiones interrelaciones y necesidades humanas; sin importar edad, género, contexto geográfico ni condición social”.

Armando Pereda Maldonado

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