Perspectivas 2020: el desafío de superar la inercia de la historia

José Luis De La Cruz Gallegos

Presidente de la Comisión de Estudios Económicos

El 2020 presenta la oportunidad para que México revierta la tendencia de su historia reciente: pasar de la inercia de bajo crecimiento a una etapa de desarrollo económico y social fundamentado en la fortaleza de sus capacidades productivas internas.

La sociedad mexicana ha enfrentado 40 años de precarización económica y social: a principio de la década de los años ochenta del siglo XX fue la octava economía del mundo, en 2019 se ubicó en la posición 15.

La consecuencia del bajo crecimiento económico del país se observa tanto en la elevada mortandad de las empresas nacionales como en la precarización del mercado laboral y en la incapacidad del sector público para incrementar su inversión y gasto sin afectar el equilibrio de sus finanzas.

La empresa mexicana vive un entorno complejo: durante el primer año desaparecen 33 de cada 100 negocios. Para el quinto año de operación sólo sobreviven 35 de cada 100 negocios, siendo el comercio el de menor éxito, desaparecen 67 de cada 100. En el décimo año la situación es extrema, sólo permanecen 25 de los 100 que iniciaron actividades, después de 25 años solamente permanecen 11 de cada 100 negocios.

Después de 40 años todos los sectores de la sociedad enfrentan la secuela de promesas incumplidas: “la administración de la abundancia”, “la renovación moral de la sociedad”, la incorporación de México al mundo desarrollado, el “bienestar para la familia”, “el crecimiento del 7%”, “la primera presidencia del empleo”, el “Saving Mexico” (que estuvo asociado a una segunda presidencia del empleo y a la culminación de las conocidas como reformas estructurales).

Durante cuatro décadas México se ha encontrado inmerso en un proceso de cambio constante y el resultado fue 2% de crecimiento; el “estancamiento estabilizador” de la economía y una precarización del mercado laboral que condujo a un país de pobreza.

Bajo este contexto es evidente que el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene razón en su diagnóstico: hay un agotamiento del modelo económico que denomina como neoliberal.

Ahora corresponde a la Cuarta Transformación alcanzar los resultados que el Estado mexicano ha dejado pendientes en otros momentos del tiempo: mayor crecimiento económico y desarrollo social, fundar una Sociedad de Bienestar.

Para lograr lo anterior, la Cuarta Transformación tendrá que revisar la evolución de la economía mexicana:

· El mensaje del 2019 fue contundente: sin inversión no hay crecimiento.

El retroceso de la inversión sólo podía tener una consecuencia: en su primera etapa (durante el primer semestre del 2018) se gestó una desaceleración que no tuvo el

diagnóstico adecuado y que para el segundo semestre del 2019 se transformó en una recesión.

Asociado con el retroceso de la inversión se tiene a la confianza. De acuerdo con el INEGI, los indicadores de confianza empresarial en manufacturas, construcción y comercio han presentado signos de debilidad durante, por lo menos, los últimos siete años: había una fragilidad previa al inicio de la Cuarta Transformación. Durante el último año se exacerbó dicha situación.

El letargo económico tiene otra secuela, el debilitamiento del mercado interno. Para el inicio del 2020, México vive un período en donde los ajustes observados en el mercado laboral (la caída del empleo reportada por el IMSS en diciembre y el aumento en la ocupación en condiciones críticas que el INEGI encontró para el mismo mes) abren la puerta a un menor consumo privado y por lo tanto a la continuidad de la recesión, por lo menos en el primer trimestre del año.

Adicionalmente se debe considerar que el sector externo de la economía ha comenzado a recibir los efectos adversos de los cuatro meses de contracción industrial de Estados Unidos y de la recesión que vive Alemania en este sector. Una situación similar se vive en países con los que México tiene una interacción en manufacturas: Japón, Corea del Sur, Gran Bretaña y Canadá tienen tendencias a la baja.

Por ello, la reactivación de la economía mexicana no llegará del exterior o por la aprobación del T-MEC. El mundo enfrenta el preámbulo de una recesión industrial que no ha sido debidamente identificada, esencialmente porque el monitoreo de la salud de la economía global se ha centrado en los mercados financieros. En esta ocasión la onda de choque externo que México enfrentará durante el 2020 viene por el lado productivo, desde la industria.

En función de lo anterior, se refrenda la pertinencia de instrumentar una Nueva Política Industrial, no sólo representa el único mecanismo para revertir los rezagos internos acumulados en materia social y económica durante los últimos 40 años; al mismo tiempo constituye el único camino para enfrentar exitosamente las nuevas condiciones que impone el T-MEC y la discrepancia de este acuerdo con el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP): la baja exigencia de este último en materia de contenido regional y nacional choca con los requerimientos del T-MEC.

Propuesta

Se requiere un programa de reactivación económica que recupere el papel del Estado como promotor del desarrollo:

· El Estado desarrollador: Hecho en México, recuperando la visión de fomento económico.

· Recuperar la visión estratégica de política económica. Se busca mayor crecimiento económico. Para lograrlo es necesario que se reconsidere la relevancia que tiene esta variable en la visión de política económica y su función de guía en los esfuerzos de gobierno. Una meta de mayor crecimiento económico no se encuentra disociada de la consecución de un mayor desarrollo, en realidad le

da vida y sostenibilidad a este último. El crecimiento económico permite evaluar si las acciones emprendidas van en la dirección correcta.

· Ante la necesidad de obtener resultados que lleguen a la vida diaria de los mexicanos, se requiere de crear un Acuerdo por el Desarrollo Social y Económico de México, una asociación que permita alinear los esfuerzos público-privados-sociales ante la estrategia anunciada. Su función es garantizar no sólo la acción coordinada al interior del gobierno, se debe crear una comunicación e interacción con el sector privado y el Poder Legislativo. El primero para garantizar la mayor interrelación entre los proyectos productivos. El segundo porque el Congreso de la Unión puede instrumentar que el próximo presupuesto incorpore la lógica de fomento productivo de forma estructural. En otras palabras, que la estrategia no sea únicamente coyuntural, sino integral y con visión a mediano y largo plazo.

· Para lograrlo se debe considerar que el financiamiento y el pago oportuno a los proveedores del gobierno y empresas encargadas de ejecutar la obra pública es algo indispensable, aunque no suficiente: si los recursos se van a importaciones, los beneficios de casi 500 mil millones de pesos se trasladarán a otras naciones.

Por eso ponemos 5 puntos a consideración:

Leave a comment

Send a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *